Una alarma de humo no espera a sentir llamas. Intenta detectar partículas del humo mientras un incendio todavía puede estar comenzando.
Hay dos tecnologías tradicionales muy comunes.
En una alarma fotoeléctrica, una pequeña fuente de luz apunta dentro de una cámara de manera que normalmente no ilumina directamente el sensor. Cuando entra humo, sus partículas desvían parte de esa luz y la hacen llegar al detector. Como este sistema usa luz para detectar humo, se llama alarma fotoeléctrica. Si la supera cierto nivel, se activa la alarma.
En otro tipo, llamado alarma de , una cantidad muy pequeña de material crea partículas con dentro de una cámara. Eso permite una corriente diminuta. Cuando entra humo, la corriente cambia y el puede activar la alarma.
Ejemplo: imagina un rayo de linterna que normalmente pasa al lado de tus ojos. Si llenas el aire de pequeñas partículas, parte de la luz puede rebotar hacia ti. Esa es una buena imagen para entender el principio fotoeléctrico.
Los dos diseños responden de manera diferente según el tipo de fuego. Por eso las recomendaciones de seguridad pueden favorecer alarmas fotoeléctricas, combinadas o modelos que cumplan normas modernas según la ubicación y las reglas locales.
Una alarma también necesita , circuitos y una bocina. Los modelos conectados a la del hogar suelen incluir de respaldo; otros funcionan solo con batería.
Un punto importante: el botón de prueba verifica partes importantes del sistema, pero una alarma vieja puede dejar de funcionar correctamente. La U.S. Fire Administration recomienda reemplazar las alarmas al llegar a la vida útil indicada, comúnmente 10 años para muchos modelos.
Por qué llegamos a esta respuesta: la U.S. Fire Administration distingue dos principios comunes: uno detecta cómo el humo cambia la luz y otro cómo cambia una pequeña . Ambos detectan efectos del humo; no “huelen” el fuego.