La temperatura no se ve directamente. Para medirla necesitamos observar otra propiedad que cambie de forma conocida cuando un objeto se calienta o enfría.
Los termómetros antiguos de líquido aprovechan la expansión. Un líquido dentro de un tubo muy fino aumenta de al calentarse y sube por el tubo. Las marcas permiten relacionar la altura con una temperatura.
Muchos termómetros modernos son electrónicos. Algunos materiales cambian su resistencia al paso de la cuando cambia la temperatura. El aparato mide esa resistencia y la convierte en grados.
Ejemplo: imagina una regla donde en vez de medir longitud directamente, medimos cuánto se alarga una pieza que sabemos que responde siempre de una forma determinada al . Primero hay que establecer la relación entre cambio y temperatura: eso es parte de la .
Existen otros tipos. Los producen un pequeño relacionado con la diferencia de temperatura. Los termómetros miden térmica emitida por una superficie y estiman su temperatura sin tocarla.
Una medición puede ser incorrecta aunque el termómetro sea bueno. Por ejemplo, un termómetro de aire puesto al puede calentarse directamente y medir su propia exposición al Sol en vez de representar bien el aire. Por eso las estaciones meteorológicas protegen los sensores de la radiación directa y permiten que circule aire.
Las escalas Celsius y Fahrenheit asignan números diferentes a la misma temperatura física.
Por qué llegamos a esta respuesta: NIST explica que los termómetros convierten propiedades físicas —como expansión o — en medidas calibradas. La precisión depende tanto del sensor como de la manera de usarlo.