Cuando echamos azúcar en agua y revolvemos, los granos se hacen cada vez más pequeños hasta que dejan de verse. Pero la no se ha destruido.

Un cristal de azúcar está formado por muchas moléculas de sacarosa atraídas entre sí. El agua tiene moléculas con zonas de carga parcial capaces de atraer diferentes partes de la sacarosa.

Al rodear la superficie del cristal, las moléculas de agua pueden separar moléculas individuales de azúcar y mantenerlas rodeadas dentro del líquido. Con el tiempo se dispersan por toda el agua.

Ejemplo: si disuelves una cucharadita de azúcar y luego pruebas una gota tomada de cualquier parte del vaso, sigue sabiendo dulce. El azúcar está allí, solo que repartida en unidades demasiado pequeñas para ver.

Si dejas evaporar el agua lentamente, la concentración de azúcar aumenta y pueden volver a formarse cristales. Esto muestra de forma sencilla que el azúcar no dejó de existir.

Revolver acelera el proceso porque lleva agua menos cargada de azúcar hasta la superficie del cristal y aparta la ya concentrada. Calentar suele hacer que el azúcar se disuelva más rápido y, para la sacarosa, permite una cantidad mayor antes de alcanzar saturación.

Disolver no es lo mismo que derretir. Al derretir una sólida se convierte en líquido por . Al disolver azúcar, las moléculas permanecen como azúcar pero se mezclan entre las moléculas del agua.

Llega un momento en que una cantidad de agua ya no puede mantener más azúcar disuelta a una temperatura determinada: la solución está saturada.

Por qué llegamos a esta respuesta: modelos y experimentos de química muestran cómo la del agua permite separar y rodear moléculas de sacarosa sin romperlas en sus .