El cuerpo humano intenta mantener su temperatura interna dentro de un rango bastante estrecho. Cuando de la piel y del interior del cuerpo detectan frío, el cerebro activa varias respuestas para reducir la pérdida de calor y producir más.
Una de ellas es el temblor. Muchos músculos empiezan a contraerse de manera rápida y repetida, aunque no estemos tratando de movernos. Las contracciones musculares necesitan , y parte de esa energía termina convirtiéndose en calor.
Ejemplo: después de correr, tus músculos se calientan porque están trabajando. El temblor usa una idea parecida, pero en vez de producir un movimiento útil como correr hacia adelante, genera pequeñas contracciones cuyo efecto principal es aumentar la producción de calor.
Antes o al mismo tiempo, el cuerpo puede disminuir el flujo de sangre cerca de la superficie de la piel. Así pierde menos calor hacia el ambiente. También puede aparecer piel de gallina, aunque en los humanos ese aporta poco aislamiento porque tenemos poco pelo corporal.
El temblor no siempre mantiene un constante. Puede aparecer en pequeñas sacudidas o en períodos más intensos, y distintos músculos pueden participar de manera diferente.
¿Por qué castañetean los dientes? Los músculos de la mandíbula también pueden entrar en esas contracciones rápidas, y por eso los dientes chocan.
El cuerpo tiene además formas de producir calor sin temblar, pero en adultos expuestos al frío el movimiento muscular puede aportar una parte importante del aumento rápido de producción de calor.
Por qué llegamos a esta respuesta: estudios de fisiología humana muestran que el temblor aumenta el gasto de energía y la generación de calor. No es un “fallo” del cuerpo por estar frío; es una respuesta activa para intentar conservar la temperatura central.